miércoles, 4 de junio de 2014

Cap. 7

Tres días más tarde Antinea le marcó a Luc pero el número no existía. Inmediatamente le marcó a Micca pero este no respondía así que buscó en el directorio telefónico y como si fuese el destino encontró el teléfono antes de que desertara en su búsqueda.
- Oficina del Señor Docong, en ¿qué puedo ayudarle?
-Quiero hablar con Micca
-¿Quién lo busca? - dijo la recepcionista malhumorada como si al escuchar el nombre de su jefe todo el buen humor se hubiese esfumado.
-Ricci, Antinea Ricci.
-El Sr. Docong está en una junta pero yo le digo que le hable.
-Espere, ¿Heds, Luc Heds sigue trabajando para él?
Se escuchaba la respiración pesada de la recepcionista. -Si. - contestó.
-¿Me daría su teléfono?
-No me permiten dar esa información pero le diré al Sr. Docong que le marque. ¿Algo más?
-No, nada más - le dijo Antinea y colgó.

La tarde pasó tranquila. Antinea había ido a trabajar en la mañana así que podría descansar toda esa tarde. Además tenía dos días libres en el trabajo por días extras que había hecho unas semanas atrás. No sabía muy bien qué haría pero le harían muy bien esos días ya que entre el trabajo y los constantes mensajes nocturnos con Micca, las ojeras de sus ojos comenzaban a parecer síntomas de alguna enfermedad. Por ahí de las nueve se  encontraba a punto de dormir; la pijama puesta, el té caliente en la mesita de la cama, la computadora proyectando una película random que había escogido. Sus ojos comenzaban a cerrarse cuando su celular vibro.
De Micca a Antinea <No he sabido nada de tí, ¿estás bien?>
De Antinea a Micca <Te marque al celular y me desviaste la llamada, te deje recado con la recepcionista> Antinea no tenía ganas de hablar con él. Había estado esperando toda la tarde que le marcará y no había habido señales de su parte, ahora ya no quería hablarle.
De Micca a Antinea <No me dijeron nada> Paso un minuto, pasaron cinco minutos <¿Para qué querías comunicarte conmigo? pasó media hora <¿Estas bien?>...
Antinea no le había respondido, estaba viendo la película. Había preferido hacer eso porque se sentía enojada aunque no sabía por qué. A veces sentía enojos contra él aunque ni siquiera salían tanto. De pronto sonó el timbre, ¿Quién podía ser a esa hora? Se levantó de su cama, y caminó hasta la puerta para abrir de manera automática. Pensaba que quizás sería un vecino pues nadie que no tuviese la llave podría entrar dentro del edificio.
Cuando abrió la Puerta Micca estaba ahí, sudado y cansado pero ahí.
-¿Qué haces aquí? - le dijo Antinea.
Micca no tuvo tiempo de responderle porque sin que él lo quisiera, su cuerpo había reaccionado al ver a Antinea. Se había acercado a ella para saludarla pero su brazo había rodeado su cadera y la había atraído hacía él de tal manera que sentían la respiración del otro. Antinea quiso protestar pero antes de que ella pronunciara palabra, sus labios fueron sellados por los de Micca quién, como poseído, ahora tenía la mano en el cuello de Antinea como si temiese que si le daba oportunidad ella huiría.

El talón de Aquiles de Antinea eran los besos, especialmente ese tipo de besos dominantes. Rodeó con sus manos el cuerpo de Micca para atraerlo al departamento y cuando este estuvo dentro, como pudo, cerró la puerta. De pronto él se alejo precipitadamente -Perdón - dijo, - no sé qué fue eso.

Pero era muy tarde, algo en ella se había activado y no iba a parar hasta que satisficiese su necesidad básica.
Le agarró la mano y lo llevó al cuarto. -¿Qué haces?
-Calla - le dijo mientras seguían besándose y metiéndose mano como si no pudiesen controlarse.
La ropa de él cayó tan rápido como la ropa de ella. Antinea se arrodillo y el miembro erecto de él entró en su boca. Le gustaba eso, le gustaba joderla por la boca y ella le gustaba que la cogieran así. Micca estaba demasiado excitado y no podía controlarse, mientras ella seguía arrodillada, cogió su cabello y aumento el movimiento de sus caderas, casi la estaba ahogando. Antinea estaba igual de excitada que él sin embargo, no vio venir cuando él la levantó y la aprisiono contra la pared. Sintió su cuerpo musculoso en su espalda, su respiración entre cortada mientras le besaba el cuello, sus manos palpándola por todas partes. De repente, ella soltó un gemido ahogado intentando reprimir el placer que había sentido al ser penetrada. Los movimientos de ambos comenzaron a tomar ritmo, cada vez se volvían más violentos, y sus cuerpos más demandantes pedían a gritos la liberación orgasmica de la energía contenida. Micca estaba a punto de venirse cuando se detuvo precipitadamente para moverse lentamente pero Antinea tomó el control; qué importaba él, ella quería su orgasmo. Si no lo obtenía desarrollaría una obsesión terrible por él. Sin embargo, pensar en todo eso hizo que ella perdiera el ritmo y mientras lo retomaba, sintió como el cuerpo de Micca se torcía con espasmos marcados mientras la abrazaba, él había acabado, ella estaba jodida.

El momento post-coito siempre es incomodo; uno no sabe qué hacer. Antinea se puso unos shorts y una camisa cualquiera y salió del cuarto para fumar un cigarro. Abrió la ventana y se sentó a lado mientras ponía en su ipad una música de fondo. Micca se vistió como pudo y se quedó sentado en la cama mirando hacía el infinito. ¿Qué acababa de hacer? se dijo. Antinea le gustaba mucho y quería algo serio, pero no sabía cómo hacer eso. Se levantó de la cama y salió del cuarto sin saber cómo actuar. Nunca hacía eso, siempre cogía dónde él tenía el control.

-Supongo que así cerramos el trato -dijo Antinea mirando hacia la calle.
-¿De qué hablas?
-De ser tu puta. - dijo burlonamente - tú me das comida, yo te di... bueno - rió.

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