martes, 10 de junio de 2014

Cap. 8

Pasó media hora y Micca no se había movido de esa habitación, como si estuviese esperando que Antinea regresara. Antinea se había acomodado en su pequeño sillón y estaba quedándose dormida cuando él salió del cuarto. Estaba confundido y su rostro lo delataba, cosa que era muy extraña pues a él nunca le había costado trabajo aislar sus emociones y mostrarse seguro, frío y distante. Antinea abrió uno de sus ojos para verlo y se le erizo la piel. A pesar de la confusión notable en su rostro, se veía guapo y seguro; su hermoso cabello chino ahora estaba todo enmarañado y el mechón que tanto le gustaba caía sobre su frente. El traje que una vez estuvo planchado ahora estaba todo arrugado y él lo portaba de una manera tan desalineada que parecía a propósito. Abrió el otro ojo para verlo mejor y se encontró de pronto sonriendo. Al mirarla, el se relajo un poco. Sabía que tenía que hablar con ella pero sentía que sus palabras se sofocaban cada que intentaba que salieran de su boca. Las últimas palabras que ella había pronunciado lo habían sacado totalmente del estado zen en el que él siempre intentaba estar.
-Hola - le dijo ella tímidamente.
-Hola - respondió él por inercia y mentalmente se reprochó no poder decir nada más.
-¿Quieres quedarte a dormir? - le dijo ella.
-Antinea, -le dijo seriamente pues lo que acababa de decir lo hacía sentir enojado. Todo ese estúpido juego de amistad lo traía harto. - ¿A qué estamos jugando? Carajo. - se pasó la mano por los chinos para quitárselos de la frente.
-¿De qué hablas? - le dijo Antinea ahora muy despierta aunque aún se encontraba desparramada en el sillón. -Eres tú el que viene a mi departamento a mitad de la noche para provocarme. Tú eres el que me busca y me llama y me mandas cosas. Fuiste tú el que me propuso ser su puta, de manera sutil y con otras palabras - dijo en voz baja. -No veo porque te enfadas todo el tiempo.
- Porque...- se detuvo para no terminar su frase "porque eres incontrolable, indescifrable. porque me gustas en serio. Porque eres tan ignorante que no tienes idea de quién soy ni que puedo hacer si tan solo chasqueo mis dedos. Porque mi corazón late al son del tuyo y mi cuerpo reacciona cuando estás cerca. Porque no me quieres."
-¿Por qué? - dijo burlonamente.-  Hablemos entonces con seriedad. No me importa ser tu puta, acabo de comprobar que nuestra química es buena en la cama, así que si eso quieres, por mi está bien, hay necesidades básicas que me gusta satisfacer y hacerlo así es más fácil. Yo no quiero tu dinero, no porque no lo necesite ni porque me moleste la idea de ser la puta de alguien. No lo quiero porque no quiero estar disponible para ti todo el tiempo. Tengo una vida, no muy buena, pero es mía y sólo yo decido cómo administrarla. - Micca asintió. - Ahora, ¿tienes algo que decirme?
-No - dijo, aunque quería decirle muchas cosas.
-Ok, entonces ¿te quedas a dormir? - Micca puso cara de sorpresa - Micca, nada más vamos a dormir. Vamos a compartir mi minúscula cama. Si te molesta que te abrace, puedes poner un cojín para separarnos. No tengo idea que tipo de "relación" enfermiza es la que quieres tener conmigo y no quiero saberla con mucho detalle. Sólo digo que hace frío afuera y no falta mucho para que amanezca, puedes quedarte si quieres. Incluso -dijo sonriendo- me quedo en el sillón y tu duerme en la cama.

Micca no sabía qué responder. Con ella parecía que el tiempo pasaba demasiado rápido. Tan rápido que él apenas si podía comprender lo que ella decía. Sonrió para ella intentado verse lo más seguro que podía y rechazó la invitación. Necesitaba ordenar sus pensamientos.

***

Durante tres días ninguno de los dos le dio noticias al otro. Antinea estaba muy ocupada en turnos dobles ya que Jannin se había enfermado. Jannin no era realmente su amiga, ella no tenía realmente amigas en París, pero le gustaba hablar con ella de cosas superficiales como el clima y qué tan difícil la vida podía ser. Ellas eran parecidas pero diferentes. Jannin era de piel oscura con cabello rizado y unos ojos color miel que hacían que, aunque no era usual, le dejaran propina los clientes. Siempre salia con varios teléfonos a la semana y muchos clientes se habían hecho regulares nada más para verla. Ella hacía que el ambiente estuviese siempre agradable. Antinea trabajaba también con otras chicas, pero al no encontrar nada especial en ellas, ni siquiera recordaba sus nombres. Esa semana Jannin se había enfermado quién sabe de qué pero parecía grave. El doctor no había encontrado nada excepto un desequilibrio nutricional lo que le causaba ascos constantes y fiebre por lo que un día de reposo, según el doctor, bastaría. Pero al día siguiente cuando regresó no pudo estar cerca de la cocina porque el asco regresaba y nada más pensaba en cómo llegar rápido al baño para vomitar todo lo que había en su interior. Por eso, cuándo Antinea se enteró, no dudo ni un segundo en pedir que le dejaran cubrirla para que no fuese a perder su trabajo. 

Esa noche, Luc la esperaba a fuera. 
-Señorita Ricci, me mandó el Señor Docong para que la lleve a su casa. Le pide una disculpa por no llamarle antes pero ha estado ocupado trabajando. 
-Hola Luc, no quisiera aceptar que me lleves a mi casa pero estoy muy cansada como para pelear por eso. Y no quiero que Señor Psicotico empiece a llamarte por el auricular del odio -le dijo sonriendo. - Además creo que si me subo al metro me quedaré dormida ahí mismo y no es nada agradable despertar diez y ocho paradas después desorbitada y sabiendo que quizás ya no haya metro de regreso. 
-Suena como que ya le  ha pasado - le dijo intentando sonar serio mientras sonreía . 
-Oh Luc, me han pasado muchas cosas en esta ciudad maldita. 

Subió al coche y se quedó dormida como lo había predicho. Cuando la despertaron, ella no se encontraba en su departamento sino en otro lado. Apenas abrió los ojos para protestar pero realmente estaba cansada así que nada más miró a Luc con desaprobación para después encontrarse con los azules ojos de Docong.
-Quisiera pasar la noche contigo, te marque para llamarte pero estabas dormida así que decidí que deberías de venir. 
-Disponibilidad, - le dijo casi en susurros - no puedo estar disponible para ti  cuando quieras, tengo una vida. 
-Lo sé, y tienes un trabajo y esta semana haz hecho turnos dobles y mañana empiezas a las nueve de la mañana. Y estarás ahí. Nada más quería...
-Yo también - le interrumpió. -quería un bulto a lado de mi. Te he extrañado. 
No dijo más. Micca estaba feliz de poder tenerla para él esa noche. Con ella no sentía esa necesidad de poseerla sexualmente, nada más quería abrazarla y hacer que su vida fuese más fácil. Sólo que ella hacía todo mucho más difícil. 


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