En su casa, Antinea descubrió que era escalofriantemente fría. Todo estaba organizado y perfectamente limpio. Mientras Micca se bañaba, ella caminó por todo el departamento como si fuera suyo. Uno de los cuartos parecía una sala de cine con una gran pantalla, un librero con varias películas y un sofá que se veía muy cómodo. El siguiente cuarto que encontró tenía la puerta cerrada, la abrió y vio un escritorio: seguro era su oficina en casa. Había varias computadoras, y un gran librero. No pudo resistir la tentación y comenzó a ver los libros que había en ellos. Algunos de ellos eran muy interesantes de arte, de negocios etc. Empezó a sacarlos uno por uno y a dejarlos en el piso. Después los hojeo y los dejo abiertos. Agarró un papel del escritorio y empezó a escribir sus ideas. No supo cuánto tiempo estuvo ahí ni cuanto tiempo Micca la vio por estar sumergida en sus pensamientos. Sólo, de repente, escuchó la voz de una mujer hablandole a Micca.
-Perdón, - le dijo levantándose. No sé si no debería de haber entrado pero no sabía qué hacer. ¿Cuánto tiempo llevas viéndome?
-No sé - le dijo él sumergido en su sensación de felicidad.
-¿Quién es ella? - dijo Antinea quien ahora miraba a la persona que estaba atrás de Micca.
-Ah, ella es la ama de casa. Ella es la única que viene y es la que hace que este lugar sea perfecto.
-Ah, bueno, - dijo mientras veía la cara de desaprobación de la ama de llaves - creo que me iré a bañar y a vestir.
Antinea desapareció rápidamente, no soportaba la mirada del ama de llaves.
***
-¿Otra Micca?
-No me digas nada June.
-Si, si te digo, la última hizo un desastre aquí, casi quema el departamento. Esta vez no voy a hacerme de la vista gorda. Tú mamá me dijo que te cuidara y eso voy a hacer.
-June sólo haz tu trabajo carajo.
-A mi no me dices carajo, ya sabes que a mi tus cambios de humor me van y me vienen.- le dijo amenazadoramente - Además la dejas que ande paseándose por dónde sea, la conoces si quiera o la recogiste de algún bar?
-Basta, te va a escuchar. Ella es diferente.
-No, ninguna es diferente, quieren tu plata Micca, todas quieren tu plata.
-Ni siquiera sabe quién soy - le dijo con un aire de tristeza.
- No creo que este bien que la traigas, habíamos dicho que no más mujeres aquí. Voy a tener que decirle a tus padres antes de que esto se vuelva algo conflictivo como siempre.
-Te preocupas demasiado June -dijo y de pronto comenzó a sonreír al ver en segundo plano, la imagen de Antinea quien traía puesto una de sus camisas amarrada simulando un vestido.
-Dios Santo - gritó la mujer - la camisa de marca que usted ama - mire nada más.
-Esta bien, - dijo Micca - le da un mejor uso que yo. Si quieres podemos ir a comprarte algo de ropa.
-Con permiso, me pondré a hacer lo que me toca - dijo el ama de llaves indignada por toda la situación.
-¿Entonces, no me recogiste de un bar?
-Escuchaste eso, carajo.
-Tranquilo. Pudiste haberlo hecho, sería un escenario totalmente posible.
Micca se sintió incomodo, se sentía incomodo cada que pensaba que quizás ella era como una de las muchas que había corrido al día siguiente. ¿Cómo alguien que parecía tan puro podría tener ese tipo de experiencias? simplemente pensar en eso hacía que corriera sangre caliente por su cuerpo, hacía que se sintiese enfadado. Nunca había sido celoso así que desconocía lo que le estaba sucediendo. Las otras simplemente eran sus empleadas y dentro de las clausulas que él ponía, la exclusividad era algo que puntualizaba; ni él ni la del momento verían a otras personas. Cuando él se cansaba de ellas las despedía y se acababa. Si se interesaba en alguien más hacía lo mismo, no quería tener doble vida. Si quería salir con varias, recogía a mujeres en los bares y dejaba de tener empleadas de turno. No le gustaba cumplir con ningún tipo de responsabilidad con respecto a ellas. No quería que fueran sus novias, ni quería tener que llamarles por teléfono ni estar al pendiente de nada. Luc era quien hacía todo eso y a veces June, su ama de llaves, era quien se deshacía de ellas.
- Bueno, me gustaría salir de aquí mientras ella hace lo que tiene que hacer. Porque sus miradas me ponen un poco a la defensiva - le dijo.
-Si, vayamos a comprarte algo de ropa ¿no?
-No debería de aceptarlo pero, me encanta comprar ropa - dijo sonriendo. Ya saliendo le dijo - Oye, ¿qué hay en ese cuarto? No entre.
-Nada. -dijo nervioso. En ese momento Antinea sólo pensaba en una cosa, saber qué había ahí adentro.
***
Compró más ropa de la que necesitaba pero a Micca no le importó. Micca la intentó llevar a varias tiendas de grandes diseñadores y ella vio la ropa sin encontrar nada que le gustará. Después ella la llevo a esas tiendas para gente normal y ahí encontró varios vestidos y pantalones. Pensaba que si Micca pensaba regalarle algo tan caro, podría utilizar ese mismo dinero para comprar más cosas que le sirvieran. Regresaron a su casa y el ama de llaves ya había desaparecido. Ella se cambió y prepararon algo para comer; eran a penas las seis.
-Es increíble el clima - dijo ella mientras comían en la terrasa del departamento.
-¿Qué tal si vamos a nadar? Propusó Micca
-¿Cómo? ¿A dónde?
-En realidad no es nadar, digo es echarnos un chapuzón. Hasta arriba hay una piscina pequeña techada.
Antinea abrió los ojos -¿En serio? Pero no tengo traje de baño.
-Si, si tienes - le dijo y se dirigió a su oficina para tomar una bolsa.
-Toma - le dijo.
Dentro de la bolsa había un minúsculo bikini. Antinea lo vio con reproche pero sonrió y se dirigió al baño para cambiarse.
La piscina era hermosa, el agua era cálida y cuando Antinea se metió sintió como su cuerpo comenzaba a relajarse. Específicamente ese día había hecho mucho calor y toda esa caminata la había cansado demasiado. Micca había subido con una botella de Champagne y dos copas de vino. Cuando la vio comenzó a sentir una sensación de calor que se esparcía por todo su cuerpo. Quería tomarla en ese momento. Ella a su vez estaba provocandolo, mordía su labio mientras lo miraba con sus grandes ojos abiertos invitándolo a que entrara con ella al agua. Él no pudo más así que se quitó la camisa y se metió. Antinea estaba intentando aparentar que era ella quien estaba seduciéndolo pero en realidad era él quien la seducía con su manera de ser, el misterio que destilaba, la forma en que hablaba, y en ese momento cómo empezaba a meterse al agua. Cómo cuándo salió de ella, sus chinos luchaban por retomar su estado natural; él era encantador y destilaba su encanto por dónde pasara.
Micca pensaba en lo mismo, Antinea era encantadora ante sus ojos. Su distracción, su provocación, su ignorancia. Quería que fuera de él, que ella se compartiera completamente. Quería que ella no tuviera que preocuparse por nada, que siempre tuviera comida, quería protegerla. Sus negros ojos que mostraban seguridad, su cabello corto y despeinado. Era pequeña, se veía pequeña, y era eso lo que hacía que con más ganas él la quisiera cuidar. Ahora conocía su cuerpo, no muy bien pero lo conocía. Sus pechos promedio, su estatura promedio. Lo único diferente a alguien promedio era su delgadez que no sabía si era desnutrición o complexión, eso le preocupaba. Mientras seguía admirándola, no notó como ella se fue acercando hasta estar frente de él. Lo rodeo con sus piernas y comenzó a besar su cuello. Su miembro ya estaba despierto pero no estaba conforme con eso, quería tomarla.
Antinea sintió de repente esa necesidad de fusionarse con él. Los besos cada vez se hacían más feroces y con más violencia; ella quería que él tomará el control y él se sentía perdido por que con ella siempre le pasaba eso. Provocandolo aun más, Micca sintió un instinto primitivo de tomarla y eso hizo. Metió dos dedos en su vagina mientras la besaba y después frotó su clítoris haciendo que ella comenzará a jadear de placer; estaba haciendo un escándalo de gemidos.
-¿Te gusta que mande? - le dijo al oído haciendo que ella se retorciera aún más de placer. Era como si algo lo hubiese poseído y la misma virilidad que presentaba en los negocios se hubiera extendido ahí y ella estuviese ahora a su merced.
-Cógeme - le dijo ella.
-No, todavía no. - dijo aún más serio y continuó frotando su clítoris creando olas de placer en su interior. Siguieron manoseándose un rato más, él quería poserla como los animales lo hacen. Quería que lo sintiera completamente. Quería reclamarla suya y crear ese vinculo adictivo que ella tenía sobre él. De repente se detuvo. -Salte- le dijo.
Antinea estaba desconcertada de lo que acababa de pasar, quería su orgasmo y estaba siendo privada de él.
-Vamos a jugar un juego. Haz lo que digo y si te portas bien, te doy tu orgasmo.
Antinea tragó saliva e intento regular su respiración. Era como si él acabará de leer sus pensamientos. Hizo exactamente lo que dijo. Ambos se salieron y se secaron con las toallas. Después él tomó su mano y le chupo un dedo. Un escalofrió recorrió su cuerpo, ella podría hacer cualquier cosa que él le pidiera. Micca sintió una necesidad incontrolable de cogérsela ahí mismo. Empezaba a tener una confrontación interior entre sus costumbres y sus deseos. Normalmente la bajaría a su departamento e irían al cuarto de la puerta cerrada, pero las demás ya sabían de antemano qué había adentro. Qué tal si ella, al saberlo, decidía huir. No podía concebir la idea. Por eso estaba tan empeñado en que se enamorará de él para que pudieran estar siempre así, juntos. Él no sabía si estaba enamorado de ella, no le gustaba pensar que sí, pues apenas unos meses que se veían sin embargo, esa extraña necesidad de tenerla cerca era abrumadora y no quería que por alguna tontería ella lo privará de sentirse embriagado de deseo.
-Te voy a coger aquí - le dijo.
- Y ¿si alguien sube?
-Nadie va a subir. - dijo mientras agarraba un condón de la mesa (si, había traído condones también).
Ella ya estaba mojada porque la espera la había excitado aún más. Después de escuchar lo que Micca acababa de decirle, su instinto animal la volvió cazadora, entonces se puso sobre él y metió su sexo en el de ella. Él comenzó a jadear, respiraba entre cortadamente y parecía que estaba haciendo un esfuerzo para no venirse. Ella estaba a punto de venirse, él también.
-¿Me puedo venir?- Preguntó Micca.
-¿De qué hablas? - le dijo eso entre jadeos pero cuando vio que esa respuesta hacía que cambiará la expresión de interrogación de Micca, Antinea afirmó con la cabeza.
De repente, ella vio colores porque así le pasaba cuando tenía un orgasmo. Minutos antes había dejado de pensar en sí él estaba disfrutando o no, nada más estaba sintiendo y cuando ella empezaba a sentir se concentraba en un solo color y de pronto, el color explotaba y ella gemía de placer. A Micca le hubiera gustado continuar pero al verla así, él también había tenido su orgasmo.
Permanecieron abrazados un rato y después ella se levantó, se rodeó con la toalla y bajo las escaleras para meterse a bañar. Micca se quedó ahí, mirando las luces de la ciudad pensando si algún día esa mujer podría amarlo y aceptarlo completamente.
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