miércoles, 25 de junio de 2014

Cap. 13

Micca llegó a su casa a las siete y media. Tocó el timbre y subió por las apretadas escaleras hasta su departamento. Ella aun no estaba lista, quería verse perfecta para él. Algo en Antinea estaba cambiando y no sabía si le gustaba o no, pero con ese vestido y la idea de "estar juntos" toda su nueva ideología de "vivir y olvidar" estaba perdiendo sentido. Siempre había tenido problemas con eso de conseguir pareja, siempre terminaban espantados. Dos habían desaparecido después de unos meses de estar juntos. Habían aplicado la ya tan conocida "voy por cigarros" y nunca regresaban. Incluso uno de ellos había cambiado su número telefónico como si Antinea fuese a perseguirlo. Después supo que él estaba casado, entonces entendió todo. Su maldita maña de no preguntarles nada la había llevado a ese tipo de problemas. Sebastián había sido otra historia. Él había intentado arduamente meterse en su mundo y cuando no pudo más había intentado aún con más empeño educarla; moldearla a su gusto. Había comenzado con el cabello, primero como sugerencia y luego como imposición. Ella por amor no se le había hecho algo tan horrible comenzar a usarlo como a él le gustaba. Sin embargo, después empezó a limitar su vestimenta. "Usas demasiados colores" se quejaba "Deja de ponerte esas tontas flores, no tienes seis años" dijo un día hasta que termino diciendo "No sales así conmigo Antinea". Antinea había soportado eso - porque no hay otra palabra para describirlo - hasta que le sugirió que dejara de trabajar en el restaurante de a jodida y estudiara una carrera administrativa. Le pidió que dejara de soñar y Antinea lo dejó. Con Micca no pasaba nada de eso. No era como si estuviese comparándolo con Sebastián. Su corazón se había roto por él y se había zurcido sólo gracias a su cinismo y el sabor de la libertad. Sin embargo, y sin comparación, era diferente con Micca. Ni siquiera lo pensaba, pero se emocionaba al verlo y quería que él la encontrara linda, no como con Sebastián pues era él quien le exigía ser como él quería. 

Antinea abrió la puerta y Micca suspiró y sonrió sin poder ocultar su entusiasmo. A sus ojos, Antinea evocaba todo lo que para él era arte. Ella aún no había terminado de prepararse, mechones caían sobre su cara pues una media trenza intentaba detener el desorden de su cabello. Micca estaba encantado de lo que veía. No traía mucho maquillaje - cosa que le pareció maravilloso pues para él, era muy linda tal cuál. 

-Aún no estoy lista - le dijo - pensé que llegarías más tarde. 
-Estoy nervioso, quería verte. - le dijo haciendo que Antinea sintiera su corazón acelerarse. 
Antinea sonrió -¿No soy yo la que debería de estar nerviosa?
-No, no conoces a mi familia ni conoces a la gente que la rodea. 
Antinea sintió calor de repente pues mientras él miraba a la nada diciendo esas palabras, ella lo estaba observando. Traía puesto un smoking negro, con una camisa blanca y una corbata de moño. Sus zapatos bien lustrados y su cabello hacia atrás como cuando se lo encontraba después del trabajo. 
-¿Por qué te peinaste? Me gustas más cuándo estás todo despeinado. 
-Entonces ¿te gusto? - le dijo coquetamente. 
-Si, - le djio acercandosele -creo que deberíamos - dijo mientras se sentaba en sus piernas - de -murmuro - relajarnos - concluyó y comenzó a besarle el cuello. 
El corazón de Micca comenzó a acelerarse, de la nada comenzó a tener calor y cómo si Antinea hubiese leído sus pensamientos, le fue desabrochando la corbata y después los botones de su camisa. Estaba petrificado y lo único que sentía perfectamente era su miembro poniéndose cada vez más erecto gracias al contacto de Antinea. Ella estaba al tanto de lo que estaba sucediendo. Sintió como se dilataba su clítoris aunque aún él no la hubiese tocado. De pronto sus labios se unieron y con fuerza, él comenzó a besarla reclamándola en silencio como suya. De pronto sus manos estaban por todas partes, el quería palpar todo su cuerpo, quería sentir la suave textura de su piel bajo sus dedos. Él la quería para él en ese momento y sabía que si eso pasaba, podían pasar toda la noche fusionándose. Sin embargo, sus pensamientos racionales fueron opacados por los movimientos de las caderas frotando su miembro reprimido. Instantáneamente metió la mano bajo el vestido y sintió el coño mojado de su futura novia. Ella comenzó a gemir mientras él frotaba su clítoris haciendo que ella moviera sus caderas aún más rápido. Los gemidos sofocados de ella hacían que él se prendiera más. Podría haber desgarrado su vestido en ese momento pero ella se detuvo y mirándolo a los ojos sonrió dándole a entender que quería más. Él bajo el cierre de su vestido y ella levantándose se despojó de esas telas mientras, de la mano, caminó con él dirigiéndose hacía su habitación.  
-Te voy a coger como nadie te ha cogido - le dijo él en automático arrepintiéndose de cada palabra que había dicho. 
-Hazlo - le dijo ella segura. 
Micca la empujo sobre la cama, se bajo los pantalones y la tomó por atrás penetrándola sin pensar en ella. Sus viejos hábitos resurgían y él no podía controlarse. Ella gemía cada vez más fuerte liberando así toda la tensión y embriagada de endorfinas. No tardó mucho en detener el acto para arrodillarse ante él y pedirle con una mirada que metiera su miembro erecto en su boca; se lo quería comer. Él comenzó a cogérsela por la boca afligido al principio por su actitud egoísta pero con cada succión que ella daba, él olvidaba que no quería mostrarle qué tan codicioso era cuándo se trataba de recibir placer. Antinea por su parte estaba disfrutando cada segundo pues sentía una excitación indescriptible al escuchar los ahogados gemidos de Micca. La voracidad dentro de ella creció tanto que de pronto lo tumbo en la cama y se montó en el moviendo sus caderas en círculos pensando en ella y en lo que sentía. Él le debía un orgasmo y ella estaba reclamándolo. 
Micca dijo jadeando - espera 
-No - dijo ella y siguió moviendo sus caderas haciendo que él también se moviera. Su orgasmo estaba llegando y esta vez, él no se lo robaría. Ambos se vinieron al mismo tiempo. Micca la abrazó y fue ahí donde volvió a estar consciente de con quién acababa de acostarse. La abrazó tan fuerte que Antinea comenzó a sentirse sofocada y se escapo de sus brazos para dejarlo, por segunda vez, sólo en esa habitación. Ella huyó a fumar, él tuvo que quedarse con sus pensamientos. Se supone que sería él quien tendría que irse y ella sentirse incomoda, así siempre había sido. Con Antinea siempre le pasaba lo contrario. Todo lo que él hacía con sus acostones era lo que ella le hacía a él. Sonrió mirando al techo, estaba seguro que ella era la mujer de su vida pero tenía que ir con cuidado. Primero tendría que hacerla su novia y tendría que ver si ella estaba dispuesta a acepar todo lo que era él, pasado y presente. Su celular sonó de repente. 
-Mierda - dijo - Son ya las nueve, teníamos que estar a las ocho. 
Antinea estaba toda despeinada. - Estás mejor así, despeinado. 
-Me encantaría que fueras conmigo así, sólo con tus bragas rosas que me prenden de una forma indescriptible, pero no quiero compartir con nadie el cuerpo de mi novia. 
Antinea abrió los ojos. ¿A qué hora había pasado de ser "estamos juntos" a "mi novia"? 
-No soy tu novia. 
Micca se dio cuenta de que acababa de cometer un error - Bueno, no aun bonita - le dijo sonriendo y ella desarmada por la mezcla de cabello chino cayendo sobre su cara, la palabra bonita y la sonrisa coqueta dejo pasar aquel error. 

Salieron de su casa a las nueve y media y llegaron al restaurante de los Docong a las diez. 
-Estoy nerviosa - dijo Antinea. 
-Si quieres podemos repetir lo que paso en tu depa bonita. 
Ambos sonrieron y Micca le dio la mano. -Por cierto, aunque no seas mi novia, lo eres. 
Antinea no sabía qué quería decir eso pero se dejo llevar como siempre lo hacía. Micca le abrió la puerta y le dio la mano para entrar juntos.
-Olvide los zapatos que me regalaste - dijo subiéndose el vestido y mostrandole los huaraches de cuero.
-No te preocupes, te ves linda así. 











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