Había pasado ya una semana de aquella cita y el único contacto que habían tenido era a través de mensajes de celular o mails. Micca intentaba llamarle pero Antinea nunca contestaba y no contestaba porque odiaba hablar por teléfono así que prefería responderle con mensajes. El tema no se había tocado desde entonces; el tema de ser su puta, aunque Antinea sabía que pronto vendría el momento de aclarar todo porque él no paraba de invitarla a salir y de hacer cosas extrañas. Por ejemplo, un día llegando cansada del trabajo encontró a uno de esos gorilas, que ya había visto antes, en la entrada de su departamento.
-Y tú ¿qué haces aquí?
-El señor Docong me mandó.
-¿Para qué?
-Dijo que fuera a comprarle comida y aquí la traigo, ¿dónde se la pongo?
Antinea sonrió y nego con la cabeza. La noche anterior, entre mensajes había dicho que no tenía ni comida ni tiempo de ir a comprar. Después Micca le había preguntado qué le gustaba y a ella le pareció gracioso compartir esa información. Sin embargo nunca se le hubiera ocurrido que al día siguiente aquel gorila trairía tres bolsas llenas de alimento.
-Le manda esto también - le dijo una vez que estaban ya habían subido hasta su piso y estaban en la entrada de su depa.
"Así no pasarás hambre en ese minúsculo lugar donde vives. Si necesitas algo, llama a este número"
Antinea le agradeció al hombre y lo invitó a pasar pero él no quiso.
-No es como que estarás en problemas. - dijo Antinea.
-Estaré - sonrió él y miró hacia el suelo mientras se daba la vuelta.
-¿Cómo te llamas?
-Luc Heds, soy jefe de seguridad del señor Docong. Si no necesita nada más...
-¿De quién es este número?
-Mio
-Bueno Luc, no creo que nos volvamos a ver pronto, agradécele a Docong de mi parte.
-Lo haré señorita Ricci. -dijo y empezó a bajar las escaleras. Ya cuando se iba, Antinea salió corriendo a trás de él.
-De hecho, vayamos al café de aquí a lado.
-Pero...
-Pero nada, tenemos que hablar.
Llegaron al café y se sentaron en una mesa en la terraza para que Antinea pudiera fumar. Luc era un hombre de unos cuarenta y cinco años, de tamaño gigante e intimidante vestido todo de negro, el cabello corto y una mirada de pocos amigos que no podía fingir. Se veía seguro de él mismo, pero en ese momento se veía nervioso de estar ahí con ella.
- Bueno, hablemos antes de que te de un ataque al corazón. Así, entre más rápido respondas, podrás irte. -dijo en tono burlón pues para ella todo eso parecía un juego. -¿Cómo funciona ser la puta de tu jefe?
Luc abrió los ojos de par en par como espantado por las palabras que acababa de escuchar. -Señorita usted esta confundida, no es así cómo funcionan las cosas...
-Jáa, entonces si funcionan así porque sino no estarías tan nervioso. Hay que ponerle las palabras precisas a las cosas y lo que el describe es pagarme la vida para que este a su merced y está bien decirlo como es. No necesitas decirme cómo funciona, tu reacción ya me dijo todo. No soy ni la primera ni seré la última - se dijo más para ella que para los dos y regreso su mirada a él - ¿cuántas han habido antes de mi?
Parecía que Luc había entendido el juego y ahora con una cara indescifrable dijo -no se me permite hablar de eso.
-Pero
-Mire señorita Ricci, creo que debería de hablar con el señor Docong. Creo que está confundiendo las cosas porque no son totalmente así. Él no sabe otra manera de relacionarse con la gente a menos que sean sus empleados. He trabajado con el desde que tiene 15 años; sus padres me contrataron para cuidarlo. Y a lo largo del tiempo lo he conocido tan bien como para saber que es una buena persona. Ahora, me tengo que ir porque no debería de hablar con usted de él y porque probablemente esto me meterá en un problema y no quiero perder mi trabajo. Hable con él. salga con él, conozcalo y después decida.
-No me va a dejar en paz ¿verdad?
Luc sonrió y Antinea supo que significaba eso. No, no la dejaría en paz hasta que salieran y ella accediera o desapareciera. Antinea no quería salir con él porque existía una tensión no pronunciada cuando ellos estaban juntos. Quería primero averiguar lo más posible de él antes de tenerlo de frente porque cuando dos corazones palpitan al unison, la razón es sofocada por dicha melodía.
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