Esta semana vine a Paris, la ciudad del amor. Y ese amor, creo que nace a partir de la vibra que emanan los turistas que la pisan. El asombró que tienen cuando pisan cada calle, y ven cada monumento. O cada fotografía que toman de alguna escultura, o algún monumento o incluso de alguna puerta con cierto grabado extraño. Pero hay más que eso. Paris huele diferente. Uno huele diferente aquí. Es una mezcla de olores horribles pero soportables. Sus calles están llenas y siempre hay filas, en todas partes.
Me quedo en el departamento 11, creo. Cerca de la Bastille. No me quejo, esta padre aquí. Hay tantas cosas que hacer qué mi cabeza se satura de información y no a dónde ir. Por eso fui a fnac y compré un libro turístico de Paris dans quelque jours (en algunos días) y me dispuse a re descubrir aquí.

No hay comentarios:
Publicar un comentario