Llegó pasada la media noche a su casa. Apenas había alcanzado el último metro; había sentido pánico al pensar que casi se quedaba sin regresar a su casa. Se quito los zapatos, se quito la ropa que apestaba a grasa y se metió a bañar. Un buen baño caliente era lo que necesitaba después de un día como ese. Cuando terminó se dirigió directamente a su cama; necesitaba descansar, trabajaría turno matutino el día siguiente y le quedaban pocas horas de sueño. Puso música en su tableta y abrió automáticamente su correo electrónico. Había mensajes de publicidad que borraba automáticamente y de repente, uno el remitente "Docong".
Usted es imposible,
¿cuándo nos vemos?
Micca Docong
Esas tres lineas causaron que un escalofrío le recorriera la espalda. A las personas normales no les pasa esto, pensó. Pero era una falacia, a las personas normales si les pasa eso, a ella sí le pasaba eso, a ella y a muchas mujeres que había conocido. París era una trampa mortal para señoritas que deseaban cumplir sus sueños. París y cualquier lugar dónde los hombres se sintieran poderosos y exitosos. Cerró el correo electrónico sin ganas de responder y durmió.
Así pasaron varios días, diario recibía lo mismo, correos electrónicos con tres oraciones parafraseadas y diario hacia lo mismo, cerrar sin responder. Aquella noche era diferente, aunque el día hubiese pasado como todos. Para llegar a su casa, Antinea tenía que caminar hasta el metro más próximo que era aproximadamente a 5 minutos caminando rápido, se subía en la linea 14, hasta Châlet y cambiaba tomando la 11 hasta Republique. Ahí bajaba, caminaba unos 10 minutos más -15 si estaba cansada- y llegaba. Mentalmente ya sabía la espera desde su trabajo hasta su casa. Bajó las escaleras y se sentó en una de las bancas esperando a que no tardara mucho en pasar. Entonces, un hombre - al que ni siquiera volteo a mirar se sentó a su lado.
-Es imposible comunicarse contigo -le dijo.
Antinea salió de su ensimismamiento y volteó a verlo. -¡Dios!- exclamó - estás por todas partes ¿o qué?
-¿Por qué no respondes mis mensajes?
-Porque no nos conocemos.
-Claro que nos conocemos -dijo el hombre muy seguro - aquel día fuera del Louvre tuvimos nuestro primer momento juntos.
Antinea cerró los ojos con exasperación. Hubiera deseado que todo eso fuera producto de su imaginación pero no, la vida no es así de sencilla. -Mira- le dijo - estoy cansada y no quiero ser grosera contigo, pero ¿podrías dejar todo esto del acoso?
-Si -dijo él, y continuó - Sal conmigo.
-Trabajo.
-Mañana es tu día libre.
Hubo un largo silencio que permitió que Antinea escuchara que el metro se acercaba.
-Mira, si no lo haces, entonces seguiré hasta que accedas.
-Esta bien, te doy mi número...
-El verdadero...
-Sí, el verdadero... aunque con tus habilidades acosadoras, no dudo que ya lo tengas. Y nos vemos mañana, ahora vete que tengo que tomar mi transporte.
-Claro, -dijo en tono burlón - dejarte casi a media noche en una estación de metro. Muy caballeroso de mi parte, te acompañare hasta tu casa...
-No.
-No te preocupes, será como si ni siquiera estuviera aquí- dijo.
Ambos se subieron al metro. Se sentaron uno a lado del otro y Antinea, quién estaba del lado de la ventanilla, recostó su cabeza en ella y cerró los ojos esperando llegar lo más pronto posible a su casa.
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