Cap. 1
-Si no hubiera sol, seguro no te hablaría- le dijo Micca. Aunque en ese momento, ella no sabía que él se llamaba Micca ni tenía una idea de por qué le hablaba.
Antinea subió la mirada, quería saber quién osaba perturbarla. Miró al desconocido con desdén, y lo hizo como una reacción automática de apatía así como un mecanismo de defensa. No podía creer que cada que salía sola a las calles, había un loco intentando hablarle.
-¿Tomando el sol? Hoy es un buen día para eso - dijo el joven sentándose a su lado.
Antinea pensó que no debía de sentarse a su lado, no parecía apropiado que se sentara a su lado. Incluso pensó en cómo saldría una fotografía de los dos. Y no es que pensará que debía de ser fotografiada con él, sino que era algo que tenía la tendencia a hacer debido a su ojo -de novato- fotógrafo. Él traía un traje de tela que parecía costosa, una camisa blanca con una bufanda de moño y unos zapatos bien lustrados. Ella en cambió, estaba tomado el sol, por eso se había quitado los tres sweateres que traía y se había quedado simplemente con su camiseta color rosa chillante de tirantes y un pantalón de mezclilla viejo lleno de hoyos, especialmente uno en su rodilla izquierda.
-Deberías de comprarte unos pantalones nuevos - dijo el desconocido.
Antinea seguía estupefacta de qué "él" le hablara. Cerró su libro y lo metió en su mochila que a su vez acercó más a ella.
-No te voy a robar nada, sólo quería platicar con alguien. Me sentía abrumado, no pensaba que trabajar en relaciones internacionales fuera tan estresante. No se nota, pero estoy sudando como puerco. Me dijeron que tenía que entretener a alguien importante; no pensé que me fueran a asignar a alguien así de importante. De hecho, no sé ni porque te estoy hablando de eso, creo que me haz agarrado en mis cinco minutos de debilidad.
Antinea medio sonrió y medio no lo hizo. Miró con detenimiento al sujeto que se encontraba a su lado pero sentirse tan estupefacta la abrumaba de sobremanera así que no se concentró en nada.
-¿Tendrás un cigarro que me regales?
Antinea abrió su mochila y saco un cigarro para ella y uno para él.
-No es como que voy a robar tus cosas, relájate.
Ella no estaba relajada, se sentía extraña con ese joven hablándole. Aunque ya tenía la costumbre de encontrarse con personajes que le hablaban de la nada, siempre se limitaban a ser vagabundos. Pocas veces eran personas que parecían... decentes.
Él prendió su cigarro y acerco la flama del encendedor a ella para que prendiera el suyo. Después de una bocanada, Antinea se sintió más relajada y rompiendo su encanto silencioso dijo:
-Lo siento, no entiendo muy bien lo que está pasando.
Micca respondió, -No tienes nada que entender, no es la última vez que nos vemos, gracias por el cigarro Señorita...?
-Ricci, Antinea Ricci.
-Perfecto señorita Ricci -dijo el desconocido como si sabiendo el nombre de Antinea, él hubiese dejado de ser una persona común y ahora estuviese en el personaje del hombre con traje. -Mi nombre es Micca Docong, espero saber más de usted -dijo sonriendo.
Antinea se sentía un poco agobiada con lo que acababa de suceder. Agobiada y a la vez intrigada. El joven se fue y Antinea no pudo ni siquiera ver a dónde se dirigía, sólo se perdió de repente entre la multitud de gente trajeada y turistas. Uno no debe de ir a leer en lugares así, pensó y saco de nuevo su libro. Cap, diez, pagina ciento treinta, "Historia del teatro mudo".
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