lunes, 3 de noviembre de 2014

Pesadilla2



Cada noche iba a acostarme con Thomas. Nos poníamos nuestra pijama, el la pijama elegante blanca que odiaba y yo mi pijama multicolor caliente. Cada noche pasaba lo mismo, nos hacíamos cada uno un té bien caliente y nos íbamos a la cama para calentarnos. A veces nos despedíamos diciendo "Hasta mañana", otras veces ni siquiera podíamos pronunciar palabra alguna y caíamos dormido. Así habían sido los últimos siete meses. Nuestra vida juntos había tomado ya sus hábitos diarios y sus monotonías hasta esa noche que todo cambió. Desperté ese día como siempre, y él estaba a mi lado. Me acerque a él y me sentí horrorizada cuando todo el estaba cubierto de sangre. 
-Carajo - grité - ¿qué paso? Despierta - grite aun más fuerte. 

Thomas despertó como si nada -qué paso? - me dijo y se miró. -Carajo ¿qué paso? - dijo ahora gritando. Se levantó ráidamente y se metió a bañar. Al salir, revisamos su cuerpo, no había nada excepto unas marcas horribles en sus brazos ya cicatrizadas así como largos razguños en su espalda que parecían haber sido hechos varios meses atrás y que sin embargo, meses atrás no los tenía. 
Thomas nunca le ha dado importancia a ese tipo de cosas, siempre me ha dicho que si no es comprensible a primera instancia no debo de pensar mucho en eso así que opte por hacerle caso y seguir con el día. 

La segunda mañana, paso lo mismo. Ahora no solo había sangre en la cama sino también tierra. Me revisé antes de despertarlo y yo estaba intacta. Cuando despertó empezó a maldecir en un idioma que desconocía y se metió a bañar como si supiera qué es lo que estaba pasando; a mi no me dio ni una explicación. Se puso su traje, tomó su café y se fue a trabajar apenas hablándome. Me quede sola en la casa llorando, intentando entender qué es lo que estaba sucediendo. 

La tercera noche me quede despierta. Quería saber qué carajos estaba pasando así que no me tome ni mis pastillas para relajarme ni el té para dormir. Prendí la tele y estuve ahí toda la mañana. Thomas no se movió, no despertó con sangre en ningún lado. 

Pensando que todo había sido una mala broma, dormí la siguiente noche y la cuarta mañana desperté y no estaba. De repente se escuchó la llave de la puerta y fui hacía ella. Al abrirse, estaba él muriéndose. 
-Ponme en la cama - me dijo - y caminamos hacia el dormitorio. 
-Qué carajos hay que ir al doctor, o le llamaré a una ambulancia. - le dije. 
El musito un casi inaudible "no". Me acerque a él y lo que dijo me erizo la piel. 
-Ya sé qué pasa, - dijo suspirando - hay algo que me llama y como sonambulo salgo en las madrugadas y esa cosa extraña me intenta matar y lo logra. Y después no recuerdo nada y aparezco aquí vivo. 
No dijo nada más, cerró los ojos y se quedó dormido. A las 3 de la tarde despertó como si nada. Se metió a bañar y se vistió. 
-Tenemos que hablar le dije. 
-No, mejor que no sepas qué soy y qué es lo que hago. 
Salió de la casa sin decir nada más; las noches siguientes no llegó a dormir. 

Pesadilla Becca Nov 

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