jueves, 13 de noviembre de 2014

María

"No podía ser, simplemente él y yo no puede ser" pensó. La realidad era la siguiente, entre ellos dos no podía haber nada no porque él acabase de ser papá o ella estuviese planeando su boda; no podía ser porque no quería que fuera. Era consciente de la gravedad del asunto, y de cómo sus pensamientos la traicionaban constantemente. Sin embargo, eso no hacía que no pudiera mirarlo de frente cuando se encontraban en el trabajo, o que le dijera buenas noches que pases buen día cuando se iba. Lo que se había acabado desde casi el inicio eran los mensajes encriptados que se enviaban; las sonrisas en los pasillos, las casualidades en la fotocopiadora. La regla principal era la siguiente: jamás debería de permanecer en el mismo lugar, sola, con él. Definitivamente era un no, era un simple crush unilateral del momento. 

Llegó esa mañana más decidida que nunca para ignorarlo pero no paso así. La primera junta, él se sentó a lado de ella ignorando que su corazón se aceleraba y su cuello se tensaba. Después cada quién fue a su oficina y a la hora de la comida, se encontraron en el mismo restaurante - unas cuadras más después de la oficina- dónde él estaba sentado con su equipo de trabajo. Ella tuvo que comprarse algo para llevar y comer en una banca soportando el frío de la época. 

-María, ¿me haz estado ignorando? - le dijo sonriente cuando ambos, tomaron el mismo elevador. 
- No - mintió. 
-¿Leíste el último mail de Brandon? Parece ser que nos vamos de convención. 
-No, - dijo pensativa - ¿quienes van?
-Tú y yo. - sonrió. -Vamos a presentar el nuevo producto. 

María salió del elevador en automático. Se miró en el espejo de su coche y estaba sonrojada, sin embargo no se sentía así; estaba helada. Llegando a su casa, miró su correo electrónico. Oliver tenía razón, partirían la siguiente semana. 

Además de las juntas obligatorias y comidas juntos, María intentaba no pasar mucho tiempo con él. Tomaron juntos el tren y logró que estuvieran no sólo en asientos separados sino también en vagones distintos. La sorpresa llegó cuando, en el hotel, se había hecho una reservación de un cuarto con dos camas. Respiró profundo, no había problema, cada uno dormiría en su cama, cada uno haría sus cosas y fin de la historia. Eran dos días nada más. 

Esa no durmieron, regaron por toda la habitación los planes del producto; repasaron la presentación y se fueron así como pudieron a presentar. Después pasaron el resto del tiempo intentando poner atención a lo que estaba pasando porque estaban muy cansados. A las 4 de la tarde ese día había acabado. Los habían felicitado por sus ideas innovadores e incluso habían añadido que "hacían muy buen equipo". 
María estaba agotada y Oliver también. María llegó y se tiró en un pedazo de cama que no tenía papeles. Lo que Oliver hiciera era su problema. Tres horas después sintió el calor humano que tan bien conocía. Sonrió pensándose en su casa,  seguía que uno de los dos se levantará y si tenía suerte y no era ella, el aroma a café impregnaría todas las habitaciones. De repente recordó que no estaba en su casa y abrió los ojos; Oliver la estaba abrazando. Intentó zafarse, quería levantarse e irse. 
-Espera María, quiero descansar un poco más. Ya en un rato nos vamos a cenar. 
María respiraba profundamente. Sentía como el corazón le palpitaba más rápido. Sentía también esa conocida sensación de abstinencia que había entre sus piernas. Quizás eran amigos y ya, de esos amigos que tienen mucha confianza. 
Pasó quien sabe cuanto para que Oliver se despertará. De repente sintió su cuerpo atrás de ella y sintió el miembro erecto de su colega pegado a sus pompas. El deseo aumentó, impronunciable pero palpable. Oliver se dio cuenta de eso y se sentó en la cama de un salto. 
-Lo siento mucho - le dijo.
-No te preocupes - contestó María - dicen que eso pasa cuando los hombres se duermen, Acción involuntaria - dijo sonriendo. 
-¿Acción involuntaria? -repitió Oliver. -No entiendes nada - dijo y se fue sobre ella; la beso y la beso como hace mucho no la besaban. Esos besos llenos de deseo. Como si fueras adicto y sólo los labios de la otra persona calmaran tu sed. Ella no se movió pero le correspondió. De repente el cuerpo de Oliver estaba sobre ella moviendo sus caderas; ella hacía lo mismo. 
Él comenzó a tocarla por todas partes. Como si ya no pudiera más y ella se quedó ahí, inmóvil, dejando que el toque de él se convirtiera en electricidad al contacto. Oliver se bajo los pantalones, María hizo lo mismo; la penetró y ella gimió.  Sus cuerpos se coordinaron perfectamente para que ambos alcanzaran el climax al mismo tiempo. Los dos cuerpos desnudos, sudorosos y cansados permanecieron abrazados hasta el día siguiente. 
María despertó con el olor a café en la habitación. Oliver estaba bañándose, cuando salió la besó y le pasó su café. Ella estaba confundida, el no parecía así. Salieron de la habitación como si nada. Se subieron al tren como si nada y llegaron a su ciudad como si nada. 
-Bueno María fue un gusto este viaje. Lástima que regresemos a la realidad. 
Ahora él sonreía, él podía sentir como María se deshacía por él. Oliver agarró su brazo para acercarsela y abrazarla. -Hasta la próxima - dijo murmurando. 
María se quedó ahí, pensativa. Una cosa era segura, "No es que no pudieran, es que no querían". 

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