23 de septiembre de 2014
Querido Diario:
Ayer tuve que ir a un photomatique a sacarme unas fotografías para renovar mi visa. Odio ese tramite porque a pesar de que lo he hecho ya tres veces, siempre tengo miedo de que me rechacen. Sin embargo, ayer no fue mi cita. Fui sólo a sacarme las fotografías y sacarse fotografías para ese tipo de documentos siempre es complicado pues en las indicaciones dice que no podemos sonreír, no podemos tener cabello en la frente, las orejas se tiene que ver y entonces terminas viéndote como foto de identificación de prisión federal. Por lo tanto, uno -o sea yo- tiene que maquillarse, y peinarse antes de salir de su casa, asegurándose que en las fotos nada más te veas deprimido pero no enfermo. Llegue entonces a la estación de trenes (porque ahí es el único lugar dónde sé que hay). Entonces, con todas mis cosas, intentando no despeinarme, sentí algo muy raro. Como si estuviese escapando de la escuela y yéndome de pinta pudiese tomar un tren a cualquier parte e irme lejos. Sentí esa sensación de adrenalina y de cruzar hacia lo prohibido y la verdad me hubiera gustado subirme a un tren y hablarle a mi novio y decirle "¿Adivina qué? estoy en Lyon, o en Paris, o en Toulouse."
No hice nada. Fui a tomarme las fotografías porque recordé la triste realidad económica. Me senté en la cabina y comenzó a decirme "aprieta el botón tan si quieres esto" , "si te gusta esta foto aprieta otra" finalmente escogí la primera donde me veía no solo triste, enferma y maquillada.
Después me fui a la universidad a trabajar maquillada pero pálida. Otoño acaba de llegar y el frío hace estragos con uno.
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