sábado, 12 de julio de 2014

Cap. 16

Silencio. Él sólo la miraba. Antinea no sabía que hacer. estaba tan expuesta; piernas abiertas, corazón abierto. Se iba a arrepentir de esto y lo sabía. De pronto él se levantó y se dirigió de nuevo al closet. Sacó una fusta. Antinea tuvo miedo y lo reflejo en sus ojos. Micca al verla salió del trance y por primera vez en ese cuarto su corazón se ablando un poco. 
-No te haré mal, lo prometo - parecía sincero. 
Puso la fusta en la cama y se dirigió a ella, la empezó a besar apasionadamente A ella le hubiera gustado estar libre para poder agarrar sus chinos, palpar su cuerpo, manosearlo por todas partes pero no podía. Quizás era eso lo que estaba haciendo que lo deseara más. Después el empezó a besar su cuello, tiernos y húmedos besos que hacían que por todas partes sintiera cosquilleos placenteros. Bajo a su abdomen, y siguió besándola mientras tocaba con mucha delicadeza su piel a lado del cuero.
-Suéltame - dijo ella. 
-No, y si sigues así voy a tener que taparte la boca - dijo sonriendo. Dentro de él una batalla irracional estaba llevándose a cabo. Quería poseerla como a todas las demás pero no quería perderla. Siguió bajando y se encontró con su centro. Estaba ya húmeda y lista para ser proclamada sin embargo, los planes de Micca eran distintos. Comenzó a besarle el clítoris y después lamió sus labios como si fueran una paleta helada de su sabor favorito. Ella comenzó a respirar entre cortada mente hasta que salieron gemidos de su boca. Esto exitó a Micca y lo que hizo que continuará haciéndolo con más intensidad; él animal dentro de el comenzaba a salir. Después de eso metió un dedo en ella. Ella quería retorcerse y huir pero estaba aprisionada bajo esos candados que no permitían que se moviera. Él continuó con ritmos lentos y después comenzaba a acelerar para que ella gozara aún más. Cuando sentía que ella ya no podía más disminuía y el orgasmo que podía haber tenido se disipaba hasta ser de nuevo simple agonía de anhelo. Así paso un rato, quien sabe cuánto tiempo porque para Antinea parecía una eternidad. El privamiento del orgasmo siempre crea una ilusión de eternidad. Micca lo sabía y estaba disfrutándolo. Su verga estaba dura y comenzaban a molestarle los pantalones, la quería libre pero no quería parar lo que estaba haciendo. Siguió haciendo el mismo acto un rato más y sin darse cuenta él estaba desabrochando las muñecas de Antinea. Antinea se sentía libre pero no hozo tocarlo porque no quería que él parara; no tardó mucho cuando él se detuvo y se desabrocho los pantalones. 
-¿Qué quieres hacer ahora? - le dijo. 
-Quiero que me proclames tuya. 
-Respuesta errónea. - dijo él sonriendo. Micca ya no era Micca. Tomó la fusta absorbido por la situación. -Voltéate, te voy a castigar. 
Antinea pensó que estaba a salvo. Pensó que todo era un juego y que el hombre con quien había estado saliendo era el mismo que estaba pidiéndole que se volteara así que lo hizo sin poner peros. En cuatro patas mirando hacia la pared espero que el hiciera lo que quisiera. Escuchó como los pantalones caían y como él comenzaba a gemir casi inaudiblemente mientras su miembro erecto estaba al aire. De repente nada y un ardor indescriptible en la espalda. Miró hacía dónde había estado la fusta y ya no estaba, ella sabía exactamente qué estaba pasando. Si hubiese estado más sobria de sensaciones hubiese detenido a Micca gritándole y volteándose para irse sobre de él, pero no hizo nada. Se quedó así esperando un segundo latigazo. Micca en cambió la tomo desprevenida y la penetro fuertemente. Antinea gimió, quien sabe si de placer, de miedo o por automatismo pero lo hizo. La verga de él estaba sobre de ella y aunque estaba demasiado espantada y enojada, sus caderas reaccionaron y comenzaron a moverse como ella siempre había sabido. Él y su ritmo se hicieron uno y agarró su coleta haciendo que su cuerpo se arqueara; ahí fue cuando Antinea sintió placer culposo porque le gustaba lo que estaba pasando. Micca continuó golpeando su vientre con las pompas de Antinea. Gemía ahogadamente como si no quisiera mostrar el placer que sentía, Antinea hacia lo mismo. De pronto, Antinea tuvo un orgasmo. Pocas veces había podido tener un orgasmo antes que su compañero pero esta vez lo había hecho. Dentro de ella el big bang se estaba llevando a cabo y no podía controlarlo. Micca continuó aún como más fuerza satisfecho de lo que estaba haciendo y después él tuvo el suyo. Cayó sobre ella respirando entrecortadamente y permaneció así pocos segundos antes de retirarse. Antinea quedó acostada intentando levantarse pero sus piernas estaban desechas, sentía como si hubiese corrido kilómetros en una carrera de beneficencia. Micca se levantó y dijo: -hay una puerta escondida a lado del biombo, es un baño. Báñate y - se detuvo. Normalmente terminaba la frase con - desaparece hasta nuevo aviso - pero no quería que pasara eso. Simplemente dejo su oración incompleta y salió de la habitación. 

Antinea en cambio se sentía rara. A pesar de que siempre era ella quien cortaba las escenas pos-coito, ahora le hubiera gustado que él se le acercara y le diera un beso. Uno de esos besos pasionales que aseguran a la persona y transmiten seguridad. Se sentía como una puta y le era extraño pues no tenia problemas con sentirse así. Entró al baño y se duchó rápidamente. Miró sus muñecas, estaban rojas y le dolían. Después intento ver su espalda; una linea roja marcada transversalmente a lo largo de ella. "Jodido" pensó. Al salir del baño, buscó su ropa y salió de esa habitación extraña. Una vez puesto pie fuera de ahí se sintió desorbitada. El contraste minimista de su casa hacía que pareciese todo un sueño. A lo lejos escuchó como alguien más se bañaba. Le hubiera gustado que ambos lo hicieran juntos pero no, él se había ido. Ella era su puta. Sonrió triste, ella ya lo sabía y lo había aceptado. Mofarse de que alguien te utilice no siempre es bueno, a menos que realmente estés de acuerdo con eso. Decidió irse antes de que él saliera, no porque estaba triste sino porque necesitaba pensar en las cosas. 

Micca salió del baño esperando encontrarla aunque sabía que ella ya se habría ido. Y lo sabía porque ella hacía exactamente lo opuesto a lo que él conocía. Normalmente cualquiera de las otras hubiera sido una molestia. Se bañaban, se vestían y después lo esperaban en la sala, perfectas y bien portadas, expectantes por señales de afecto real de su parte. Él lo que hacía siempre era mirarlas con cariño, era como si fueran sus cachorros. Así que se sentaría frente de ellas y diría algo así como "te dije que no te quería aquí, pero como te portaste muy bien allá adentro, quizás podríamos hacer algo más... normal" y ellas moverían su rabito invisible por tener un poco de su atención. Lo que seguía después era comer juntos y hacer que Luc las llevará a su casa; le era insoportable. Sin embargo, le hubiera gustado hacer eso con Antinea, se sentía cercana a ella. 

Esa noche Micca decidió llamarle pero no hubo respuesta de su parte. Se quedó entonces sentado en su oficina trabajando hasta tarde, tenía que sacársela de la cabeza. Revisó su correo electrónico y tenía varios Mails de trabajo. Un museo importante lo requería para la evaluación de una pieza de arte en Tokio, reservó su avión, partiría la noche del día siguiente. Después de eso fue a su cama y miró al techo. Necesitaba saber que Antinea estaba bien pero no quería presionarla. Durmió con el celular prendido esperando alguna señal suya. 

Antinea llegó a su casa perturbada por lo que acababa de pasar. Tenía dos mensajes de voz en su celular que ignoró y uno de texto. Todos de Micca, este último pedía que le llamará. "Es sólo un maldito juego" se dijo para ella. Nada era un juego, este había logrado penetrar más allá de lo penetrable. Lo sentía todo el tiempo. Se acostó en su cama temprano -irregularidad evidente pues normalmente dormía hasta que fuese casi madrugada - y cerró los ojos. Estaba condenada al fracaso esa relación extraña que ambos estaban llevando. Se interrogó si debería de acabarla o no aunque después de un rato, recordó que en realidad ella nunca había dicho nada sobre estar en una relación. Después recordó la cena, ella era la novia para los demás. Decidió tomar un té para dormir y unas pastillas que le ayudaran a relajarse, esa noche no quería pensar más. 

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