lunes, 14 de julio de 2014

Recomendaciones de Bloom

Sepa de antemano tres cosas básicas de sus futuros enamoramientos: 

1) Ella le va a romper el corazón. 
Quiero decir, ella va a enamorarlo, va a decirle palabras dulces al odio que harán que usted no sé de cuenta de que esta jugando con sus sentimientos. Al mismo tiempo, ella recibirá sus cumplidos y se reirá de sus chistes malos. Se dará cuenta pronto sus gustos y así, pronto, empezará a buscar como gustarle más: se peinará como usted prefiere, se vestirá con los colores que a usted le gusta más y cuando menos lo piense, usted creerá que ella es la adecuada. La chica de sus sueños. ¡Cuidado!

2) Ella es destrucción 
Una vez que haya cumplido con lo que quería, ella desaparecerá dejándolo solo. Su corazón destrozado en luto, llorará en silencio. Usted se hará consciente de la soledad en la que vive. Usted esta solo, y nadie más puede llenar ese vació interior. Después de eso, nada le sabrá igual, usted incluso comenzará a volverse alguien amargo. Nada le parecerá bello y se verá a usted mismo sentado en el portico de su casa, a los sesenta y ocho años, solo. 

3) Ella regresará 
Ella regresará a usted constantemente. De forma fisica o como pensamiento. Quiero decir, cuando este en las noches solo, pensando en cómo sobrevivir la noche, ella se presentará en sus pensamientos como fantasma torturador recordandole cómo falló. También puede presentarse de forma fisica, el territorio es pequeño y usted puede enconrarsela en la tienda de la esquina tomada de la mano de un ejemplar mucho mejor que usted. Olvide el pánico y respire, en algún momento pasará lo inveros. Ella estará caminando en la calle con o si alguien y usted estará de la mano de uno de los amores de su vida. 

Recuerde, la vida sigue.

Sin más por el momento,

Bloom.

sábado, 12 de julio de 2014

Cap. 16

Silencio. Él sólo la miraba. Antinea no sabía que hacer. estaba tan expuesta; piernas abiertas, corazón abierto. Se iba a arrepentir de esto y lo sabía. De pronto él se levantó y se dirigió de nuevo al closet. Sacó una fusta. Antinea tuvo miedo y lo reflejo en sus ojos. Micca al verla salió del trance y por primera vez en ese cuarto su corazón se ablando un poco. 
-No te haré mal, lo prometo - parecía sincero. 
Puso la fusta en la cama y se dirigió a ella, la empezó a besar apasionadamente A ella le hubiera gustado estar libre para poder agarrar sus chinos, palpar su cuerpo, manosearlo por todas partes pero no podía. Quizás era eso lo que estaba haciendo que lo deseara más. Después el empezó a besar su cuello, tiernos y húmedos besos que hacían que por todas partes sintiera cosquilleos placenteros. Bajo a su abdomen, y siguió besándola mientras tocaba con mucha delicadeza su piel a lado del cuero.
-Suéltame - dijo ella. 
-No, y si sigues así voy a tener que taparte la boca - dijo sonriendo. Dentro de él una batalla irracional estaba llevándose a cabo. Quería poseerla como a todas las demás pero no quería perderla. Siguió bajando y se encontró con su centro. Estaba ya húmeda y lista para ser proclamada sin embargo, los planes de Micca eran distintos. Comenzó a besarle el clítoris y después lamió sus labios como si fueran una paleta helada de su sabor favorito. Ella comenzó a respirar entre cortada mente hasta que salieron gemidos de su boca. Esto exitó a Micca y lo que hizo que continuará haciéndolo con más intensidad; él animal dentro de el comenzaba a salir. Después de eso metió un dedo en ella. Ella quería retorcerse y huir pero estaba aprisionada bajo esos candados que no permitían que se moviera. Él continuó con ritmos lentos y después comenzaba a acelerar para que ella gozara aún más. Cuando sentía que ella ya no podía más disminuía y el orgasmo que podía haber tenido se disipaba hasta ser de nuevo simple agonía de anhelo. Así paso un rato, quien sabe cuánto tiempo porque para Antinea parecía una eternidad. El privamiento del orgasmo siempre crea una ilusión de eternidad. Micca lo sabía y estaba disfrutándolo. Su verga estaba dura y comenzaban a molestarle los pantalones, la quería libre pero no quería parar lo que estaba haciendo. Siguió haciendo el mismo acto un rato más y sin darse cuenta él estaba desabrochando las muñecas de Antinea. Antinea se sentía libre pero no hozo tocarlo porque no quería que él parara; no tardó mucho cuando él se detuvo y se desabrocho los pantalones. 
-¿Qué quieres hacer ahora? - le dijo. 
-Quiero que me proclames tuya. 
-Respuesta errónea. - dijo él sonriendo. Micca ya no era Micca. Tomó la fusta absorbido por la situación. -Voltéate, te voy a castigar. 
Antinea pensó que estaba a salvo. Pensó que todo era un juego y que el hombre con quien había estado saliendo era el mismo que estaba pidiéndole que se volteara así que lo hizo sin poner peros. En cuatro patas mirando hacia la pared espero que el hiciera lo que quisiera. Escuchó como los pantalones caían y como él comenzaba a gemir casi inaudiblemente mientras su miembro erecto estaba al aire. De repente nada y un ardor indescriptible en la espalda. Miró hacía dónde había estado la fusta y ya no estaba, ella sabía exactamente qué estaba pasando. Si hubiese estado más sobria de sensaciones hubiese detenido a Micca gritándole y volteándose para irse sobre de él, pero no hizo nada. Se quedó así esperando un segundo latigazo. Micca en cambió la tomo desprevenida y la penetro fuertemente. Antinea gimió, quien sabe si de placer, de miedo o por automatismo pero lo hizo. La verga de él estaba sobre de ella y aunque estaba demasiado espantada y enojada, sus caderas reaccionaron y comenzaron a moverse como ella siempre había sabido. Él y su ritmo se hicieron uno y agarró su coleta haciendo que su cuerpo se arqueara; ahí fue cuando Antinea sintió placer culposo porque le gustaba lo que estaba pasando. Micca continuó golpeando su vientre con las pompas de Antinea. Gemía ahogadamente como si no quisiera mostrar el placer que sentía, Antinea hacia lo mismo. De pronto, Antinea tuvo un orgasmo. Pocas veces había podido tener un orgasmo antes que su compañero pero esta vez lo había hecho. Dentro de ella el big bang se estaba llevando a cabo y no podía controlarlo. Micca continuó aún como más fuerza satisfecho de lo que estaba haciendo y después él tuvo el suyo. Cayó sobre ella respirando entrecortadamente y permaneció así pocos segundos antes de retirarse. Antinea quedó acostada intentando levantarse pero sus piernas estaban desechas, sentía como si hubiese corrido kilómetros en una carrera de beneficencia. Micca se levantó y dijo: -hay una puerta escondida a lado del biombo, es un baño. Báñate y - se detuvo. Normalmente terminaba la frase con - desaparece hasta nuevo aviso - pero no quería que pasara eso. Simplemente dejo su oración incompleta y salió de la habitación. 

Antinea en cambio se sentía rara. A pesar de que siempre era ella quien cortaba las escenas pos-coito, ahora le hubiera gustado que él se le acercara y le diera un beso. Uno de esos besos pasionales que aseguran a la persona y transmiten seguridad. Se sentía como una puta y le era extraño pues no tenia problemas con sentirse así. Entró al baño y se duchó rápidamente. Miró sus muñecas, estaban rojas y le dolían. Después intento ver su espalda; una linea roja marcada transversalmente a lo largo de ella. "Jodido" pensó. Al salir del baño, buscó su ropa y salió de esa habitación extraña. Una vez puesto pie fuera de ahí se sintió desorbitada. El contraste minimista de su casa hacía que pareciese todo un sueño. A lo lejos escuchó como alguien más se bañaba. Le hubiera gustado que ambos lo hicieran juntos pero no, él se había ido. Ella era su puta. Sonrió triste, ella ya lo sabía y lo había aceptado. Mofarse de que alguien te utilice no siempre es bueno, a menos que realmente estés de acuerdo con eso. Decidió irse antes de que él saliera, no porque estaba triste sino porque necesitaba pensar en las cosas. 

Micca salió del baño esperando encontrarla aunque sabía que ella ya se habría ido. Y lo sabía porque ella hacía exactamente lo opuesto a lo que él conocía. Normalmente cualquiera de las otras hubiera sido una molestia. Se bañaban, se vestían y después lo esperaban en la sala, perfectas y bien portadas, expectantes por señales de afecto real de su parte. Él lo que hacía siempre era mirarlas con cariño, era como si fueran sus cachorros. Así que se sentaría frente de ellas y diría algo así como "te dije que no te quería aquí, pero como te portaste muy bien allá adentro, quizás podríamos hacer algo más... normal" y ellas moverían su rabito invisible por tener un poco de su atención. Lo que seguía después era comer juntos y hacer que Luc las llevará a su casa; le era insoportable. Sin embargo, le hubiera gustado hacer eso con Antinea, se sentía cercana a ella. 

Esa noche Micca decidió llamarle pero no hubo respuesta de su parte. Se quedó entonces sentado en su oficina trabajando hasta tarde, tenía que sacársela de la cabeza. Revisó su correo electrónico y tenía varios Mails de trabajo. Un museo importante lo requería para la evaluación de una pieza de arte en Tokio, reservó su avión, partiría la noche del día siguiente. Después de eso fue a su cama y miró al techo. Necesitaba saber que Antinea estaba bien pero no quería presionarla. Durmió con el celular prendido esperando alguna señal suya. 

Antinea llegó a su casa perturbada por lo que acababa de pasar. Tenía dos mensajes de voz en su celular que ignoró y uno de texto. Todos de Micca, este último pedía que le llamará. "Es sólo un maldito juego" se dijo para ella. Nada era un juego, este había logrado penetrar más allá de lo penetrable. Lo sentía todo el tiempo. Se acostó en su cama temprano -irregularidad evidente pues normalmente dormía hasta que fuese casi madrugada - y cerró los ojos. Estaba condenada al fracaso esa relación extraña que ambos estaban llevando. Se interrogó si debería de acabarla o no aunque después de un rato, recordó que en realidad ella nunca había dicho nada sobre estar en una relación. Después recordó la cena, ella era la novia para los demás. Decidió tomar un té para dormir y unas pastillas que le ayudaran a relajarse, esa noche no quería pensar más. 

jueves, 10 de julio de 2014

Existence

Abbi Glines

Pagan Moore es una adolescente como cualquiera; va al colegio, tiene a sus amigos, busca novio. La única diferencia es que ella puede ver almas andantes. Toda su vida ha podido hacer eso sin embargo, aparece un alma con la capacidad de responderle; de hablar. Al principio, ella intenta ignorarlo sin embargo, después de ir conociéndolo, empieza a interesarse aún más que con el muchacho con quien empieza a salir, Leif. Esta alma, tiene el poder de personificarse y lo hace bajo el nombre de Dank Walker (como lo conocen los vivos). Él se fascina tanto con ella que la protege, la cuida y vela por su bienestar. Sin embargo, todo esto lo hace a distancia pues por parte, quiere dejar a Pagan vivir su vida, él ya rompió las reglas y no quiere arrastrarla con él. 

No contaré más porque soy anti-spoiler.




Este libro pertenece a una trilogía: 
1. Existence 
2. Predestined 
3. Leif 
4. Ceaseless

Opinión: A mí me gusto mucho este libro porque de todos los libros con historias de amor que he leído, esta ha sido de las más originales. Me gusta la historia de la muerte enamorándose de los seres humanos y la forma en que este libro esta contado es muy simpática pues puedes leértelo muy rápido.


jueves, 3 de julio de 2014

Cap. 15

Los ojos de Antinea se abrieron cuando Micca prendió la luz del cuarto. Tapizadas las paredes con tela negra, y pequeños destellos de oro, el cuarto intimidaba con sólo verlo. Micca entró esperando que Antinea lo siguiera pero no, ella se quedó inmobil en la entrada.
-Anda - le dijo con un tono severo - entra - le ordeno. Al ver que no se movía fue hacía ella y le agarró la muñeca para que entrará.
-Me estás lastimando
-Tu también lo haces. - le dijo.
Antinea entró forzada al cuarto. Hace mucho tiempo que no se sentía en peligro; su corazón palpitaba rápidamente y una voz dentro de ella le decía que huyera pero no lo hice. Se quedó ahí, mirando a su alrededor.
No era mentira que el cuarto era tétrico. Había un sillón en medio que podía hacerse cama y uno a lado que era para una sola persona. En una esquina tenía aparatos electrónicos y del otro lado una gran televisión. Todo estaba ordenado de una manera minuciosamente calculada. Del otro lado de la habitación había un closet y a lado de este un biombo decorado con figuras del oriente. Antinea se preguntó qué habría dentro, sin embargo prefirió no preguntar.
-Mira Antinea, esto es por lo que prefiero que trabajen para mí. - dijo y se dirigió hacia el closet. - Desvistete, vamos a ponerte algo más bonito, más bien algo más adecuado a la situación.
Antinea no quería hacerlo pero comenzó a desvestirse. Tenía miedo pero comenzaba a sentir excitación. Una vez que estuvo en ropa interior Micca le dijo que se cambiara atrás del biombo. La ropa que Antinea tenía que ponerse era minúscula. Una pequeña tanga color negro junto con un ligero del mismo color y unas medias de red. Lo siguiente que encontró era un arnés que no supo cómo ponerse.
-No sé cómo ponerme esto - le dijo.
Micca estaba ocupando prendiendo los aparatos electrónicos y haciendo el sofa cama.
-Tenía que haberlo supuesto - dijo sonriendo, aún no me creo que seas inocente - dijo. Se dirigió hacía ella y le ayudo a ponerse el arnés. -Se llama arnés. Te lo voy a ajustar, me dices si estoy apretándolo mucho - le dijo y mientras sus dedos tocaban la piel desnuda de Antinea, comenzaba a sentir una erección.
-¿Por qué estamos haciendo esto? -preguntó Antinea.
-No bonita, aquí no puedes preguntar nada.
-Pero...
-Pero nada - le dijo cerrándole la boca con un beso.
Una vez ajustado el arnés, Antinea se sentía desprotegida. Aunque se decía a sí misma que no había peligro, en su interior sentía miedo. Micca se sentó en el sillón y siguió tomando whisky que había sacado quién sabe de dónde.
-Sal bonita - le dijo.
-No. Ya no quiero jugar así.
-Sal o voy por ti - dijo seriamente.
Antinea salió tímidamente exponiéndose completamente ante él. La visión de ella así hizo que Micca sonriera.
-Si no te quisiera tanto - susurró más para él que para Antinea quién no pudo escucharlo. Él la agarró de la mano y la sentó en el otro sillón hecho cama y después le recogió el cabello para hacerle una coleta alta. Después sacó unas muñequearas con unos  aros metalicos. Le puso uno en cada mano y uno en cada tobillo. Antinea comenzó a temblar.

-Sientate derecha - le dijo y cuando sintió como temblaba se sentó a lado de ella - ¿Tienes miedo?
-No sé. No sé quién eres.
-Por eso quiero que veas esto y experimentes esto. Voy a hacerte exactamente lo mismo que haría con una de las otras para que sepas quién soy. Después puedes decidir si quieres que sigamos saliendo o no. La idea de seguir enamorándome de ti y que un día te vayas me mata. Hoy cuando hablabas con ese reporterucho me di cuenta de eso. Es mejor ponerle fin a esta obsesión enferma que tengo contigo. No te diré que no tengas miedo y tampoco que no te enojes porque lo harás, apostaría lo que quisieras a que lo harás, te pido nada más que sigas el juego. - Antinea asintió y no le quitó la mirada de encima. Estaba cautelosa de sus movimientos, cautelosa y curiosa. Micca le sonrió y se levantó de la cama. Después se dirigió hacía la esquina dónde tenía los aparatos electrónicos. Ajustó el tripie y luego puso sobre de él una cámara que parecía muy costosa y muy profesional. Movió todo y lo puso a lado del sillón que quedaba frente a la cama. Antinea no se movía; podía escuchar su corazón palpitar. Ya le habían pasado distintas cosas extrañas, pero nada como esta. Por más que algo dentro de ella le decía que debería de salir de allí lo más rápido que pudiese, al ver la silueta de Micca moviéndose con tanta gracia, esa voz se callaba y una sensación de seguridad y de confianza renacía en su interior.
Micca a su vez estaba conflictuado. Su corazón confundido peleaba una batalla intera pues aunque le gustaba mucho esas practicas masoquistas y la sensación embriagante que destilaba cuando se tenía una sumisa y él tenía el poder, él no quería espantar a Antinea. Se volteo a mirarla y también sus dudas se disiparon al verla así, lista para él. Su piel contrastaba con el cuero negro que rodeaba sus caderas y sus pechos. Aunque ya la había tomado en diversas ocasiones de forma pasional, esta vez era diferente.; él tendría el control. Antinea seguía sin moverse y él fue a servirse otro vaso de Whisky que había en una taburete, de uno de los cajones, saco además un collar que pensaba ponerle. Acercandoselo para ponérselo le susurró en el odio "Lo estás haciendo muy bien" y Antinea se derritió de nuevo expectante por saber qué es lo que seguiría a continuación.
Se sentó en el sillón frente de ella ahora que todo estaba listo y dijo - Siento mucho tener que hacer esto, pero es por mi propia seguridad. Como verás ahí hay una cámara, primero te sacaré unas fotos así. Esto lo hago siempre como seguro de discreción. Yo no me hundo solo, y si por alguna estúpida razón se te ocurre decirle a alguien de lo que hago aquí, esas fotos salen a la luz y créeme que la que sale perdiendo eres tú. -Al darse cuenta de lo imponente que sonaba y cómo ese dialogo estaba ya tan usado por haberlo dicho con las otras empleadas añadió - Eso es lo que siempre les digo, y eso haré. ¿Está bien bonita? -Antinea asintió. Ella no se movió ni poso, no hizo nada más que estar como estatua.
-Ahora, te voy a amarrar, y después te voy a coger y todo lo voy a grabar con los mismos fines.
Antinea quería protestar pero no lo hizo. Estaba demasiado extasiada por la curiosidad se encontraba ya como residente dentro de su cuerpo. De una manera estúpida, confiaba en él y pensaba que todo eso era una experiencia más, si no quería, podía desaparecer como siempre lo hacía. "Para cabronas, yo ganó" pensaba.
Micca la amarró. En realidad lo que hizo fue poner unos candados en los aros metálicos que colgaban de las muñequeras que le había puesto; la mano derecha con el pie derecho y la mano izquierda con el pie izquierdo.Tenía las piernas abiertas, estaba a su merced y al saber eso, el corazón de Antinea comenzaba a palpitar más rápido.
-Voy a hacer que ruegues por mi - le dijo sonriendo. Él aún no se había quitado el traje que traía puesto. Sentada en la cama con las manos y los pies amarrados, Antinea miró como se empezaba a desvestir. Se desabrocho la camisa y se la quito dejando que esta cayera en el piso. Se dejo el pantalón porque se lo quitaría después. Tomó más whisky y feliz y borracho olvidó que estaba con Antinea y pensó nada más en él y en el placer que estaba sintiendo al dominar a una sumisa nueva.