Fue a mi casa a planchar sus camisas.
Nada más.
Después me dijo que quería quedarse a dormir.
Nada más.
No nos dijimos nada,
siempre habíamos sido mejores amigos.
Siempre.
Y por eso estar hombro con hombro
en la cama
no significaba nada.
Yo como siempre no podía dormir.
Escuchaba como respiraba,
estaba descansando.
Podría haberlo mirado toda la noche pero el sueño me ganaba.
Esos miedos de que no despertaría a mi lado habían desaparecido;
él
no despertaría a mi lado,
era un hecho.
Es el problema de los supuestos mejores amigos.
Uno quiere más al otro...
no hay momentos únicos, no hay esa conexión,
no hay nada más.
No hay comentarios:
Publicar un comentario